Hay un momento en la vida con nuestro perro que nadie quiere imaginar, pero que todos deberíamos poder acompañar con calma y amor: el final de su vida.
No es un tema fácil, ni bonito, nadie quiere pensar en esto. Pero hablar de ello nos ayuda a prepararnos, pensar con la cabeza fría antes de que llegue un momento en el que no tengamos claridad y poder tomar decisiones desde el corazón… y sobre todo desde el respeto a quien ha estado a nuestro lado cada día.
Soy Marga, de Breocan Actividades Caninas y este artículo va dedicado a mi perra Lola, que nos dejó hace muy poquito, pero gracias a conocerla muy bien y tomar las decisiones correctas, pude sentir cómo se fue en calma, liberada y feliz.
1. Escucha su proceso, no sólo el tuyo
Los perros viven el final de la vida como han vivido todo: en presente.
No se preocupan por “lo que vendrá”, sólo por cómo se sienten aquí y ahora. Nuestro papel es observar con sinceridad:
- ¿Cómo está su calidad de vida real?
- ¿Tiene dolor?
- ¿Puede seguir disfrutando de las cosas que antes le hacían feliz?
A veces un profesional puede decir que «tu perro está bien, no le pasa nada» o «tener un diagnostico poco acertado» que a ti no te cuadra. Es verdad que su criterio es valioso, pero tú conoces a tu perro mejor que nadie. Si algo en tu intuición te dice que está sufriendo, o que lo que te han diagnosticado no coincide con lo que tu le notas, vale la pena escuchar a tu perro y seguir insistiendo, aunque haya que cambiar de profesional. Capacidad crítica, observación hacia tu perro, pero siempre desde el respeto hacia los veterinarios.
2. La decisión más dura: decir adiós
Si llega el momento en el que la mejor opción es ayudarle a descansar, la prioridad es que lo viva con el mayor confort posible.
Siempre que se pueda, considera hacerlo en casa. En su cama, con su manta, con su olor, contigo. Sin estrés. Sin la frialdad de una clínica. Al final, su mundo siempre has sido tú. En ese momento también lo eres.
3. Importante si tienes más animales en casa
Los perros entienden la muerte desde el olor. Permitir que huelan al compañero cuando ya ha fallecido les ayuda a comprender lo que ha ocurrido y evita que lo “busquen” después. Es un acto simple, pero muy importante para su propio proceso emocional. Ellos entienden la muerte sin ningún problema, pueden sentirse tristes y echar de menos, pero comprenderlo a su modo les ayudará a poder sobrellevarlo mucho mejor.
4. ¿Incineración individual o colectiva?
No hay una opción mejor que otra, estas decisiones son muy personales y todo es respetable, lo que quiero es que conozcas las opciones para elegir la opción que encaja contigo. Por un lado está la incineración individual, en la que vas a un tanatorio y recibes sus cenizas ya que se incinera de forma independiente. Por otro lado está la incineración colectiva: en esta opción el perro se queda en el veterinario y puedes recuperar las cenizas pero colectivas.
Lo importante no es el formato, sino decidirlo con tiempo para no tener que improvisar en el momento.
5. Tu duelo también importa (y tu perro lo sabía)
Tu perro no te pedía ser fuerte todo el tiempo, tampoco te lo pedirá en su último momento.
Permítete sentir: rabia, pena, vacío, gratitud… todo. Pero recuerda algo importante: tu perro te permitiría vivir ese duelo, pero también querría que estuvieras presente para él mientras lo acompañas.
Así que intenta acompañarlo con calma, respira, hazlo despacio porque estás haciendo lo más difícil… y lo estás haciendo desde el amor, eso es lo más importante. Luego dedicate el tiempo que necesites, pero lo justo y necesario… él no querría verte triste ni un segundo.
Un abrazo y nos leemos en el siguiente artículo.
