Vivimos obsesionados con lo que nuestros perros hacen mal.

Que si salta cuando llega alguien, que si tira de la correa, que si ladra demasiado o que si no responde cuando le llamas, y un largo etcétera. Mientras tanto, no nos damos cuenta y empezamos a medir nuestra convivencia en función de esas conductas. Como si fueran lo más importante. Como si de eso dependiera que lo estemos haciendo bien o mal.

Y ahí es donde muchas veces empezamos a perdernos.

Porque sí, hay comportamientos que pueden incomodar, generar frustración o necesitar acompañamiento. No se trata de ignorarlos ni de mirar hacia otro lado. Pero… ¿Y si no son el centro de todo?

Soy Marga de Breocan Actividades Caninas y hoy vamos a hablar de si es más importante modificar vs. entender.

Entender antes que modificar

Como hablábamos, nos centramos tanto en modificar lo que “no encaja” con nuestro perro que a veces se nos olvida algo mucho más grande: estamos compartiendo vida con otra especie.

Un perro va a emocionarse, va a anticiparse, va a reaccionar. Va a saltar en ciertos contextos, va a tirar cuando algo le activa, va a expresarse como lo que es: un perro.

No es un fallo. No es un error que haya que eliminar sin más. Es parte de su naturaleza.

Eso no significa que no podamos enseñarle otras herramientas o ayudarle a gestionar mejor algunas situaciones. Pero el punto de partida cambia completamente cuando dejamos de hacerlo desde la exigencia y empezamos a hacerlo desde la comprensión.

Es muy importante que sepamos que detrás de cada conducta hay un porqué. Un perro no salta “por molestar”, ni tira de la correa “porque sí”. Hay emoción, hay necesidad, hay aprendizaje y hay contexto. Y a veces… si lo viéramos de otra manera… ¡Qué bonito que tu perro sea tan sociable que salte de alegría o para agradecer! ¿No crees?

Sin embargo, a veces, puede haber falta de autocontrol, puede haber sobreestimulación, puede haber inseguridad o simplemente ganas de llegar antes a algo que le interesa. Y esto sí se puede entrenar o mejorar vuestra comunicación para que quizás haya conductas que sean menos exageradas o controladas.

Por tanto, cuando dejamos de quedarnos solo con la acción y empezamos a mirar lo que hay debajo, cambia nuestra forma de interpretar lo que ocurre. Y cuando cambia la forma de interpretar, cambia también la forma de actuar. Ahí es donde realmente podemos ayudar.

Lo importante no es lo perfecto, es lo compartido

Al final, cuando piensas en tu vida con tu perro, lo que queda no es si tiraba más o menos de la correa o si saludaba de forma más o menos “correcta”. Lo que queda es cómo fue vuestra vida juntos.

Si hubo momentos de calma, de disfrute, de conexión. Si aprendisteis a entenderos. Si supisteis parar en medio del ruido para simplemente estar.

Porque convivir con un perro no va solo de educarle. Va también de lo que te mueve por dentro. De lo que te obliga a observar, a adaptarte, a gestionar tu propia paciencia y tus expectativas.

Cuidar de un perro no es solo cubrir sus necesidades. Es salir a pasear aunque no tengas muchas ganas y darte cuenta de que te viene bien. Es prestar atención a su estado y empezar a prestar más atención al tuyo. Es ordenar tu entorno, crear rutinas, bajar el ritmo en ciertos momentos pensando en él e indirectamente, te hace espejo de lo que tu también necesitas.

Por eso, quizá la próxima vez que algo te moleste de tu perro, en lugar de quedarte solo con lo que hace… puedes preguntarte qué hay detrás. Y también, qué parte de la convivencia estás dejando de ver por centrarte solo en eso.

Porque al final, no todo va demodificar. Muchas veces, va de entender.

Y sobre todo, de no perderte lo importante mientras intentas ajustar lo superficial.

Un abrazo.

Marga.