¿Cuántas veces al día sales a pasear con tu perro? ¿Y cuántas de esas veces te paras a pensar si realmente está disfrutando del paseo?
Cogemos la correa, salimos de casa, hacemos nuestro recorrido habitual y volvemos. A veces con prisas, otras mirando el móvil y muchas pensando en todo lo que tenemos pendiente por hacer. Mientras tanto, nuestro perro intenta oler una esquina, pararse en un arbusto o simplemente observar lo que ocurre a su alrededor.
Y es que, aunque pasear a nuestro perro es una de las actividades que más repetimos durante nuestra convivencia, eso no significa que siempre sepamos cómo hacerlo de la mejor manera.
Un buen paseo no consiste únicamente en caminar, hacer ejercicio o conseguir que nuestro perro llegue cansado a casa. Es una oportunidad para que explore su entorno, cubra sus necesidades y disfrute de una experiencia compartida con nosotros.
Soy Marga de Breocan Actividades Caninas y hoy quiero hablarte de algunos errores habituales al pasear a nuestros perros para ayudarte a identificar pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia.
¿Por qué es tan importante un paseo de calidad para tu perro?
Para nosotros, salir a pasear puede ser una forma de despejarnos, hacer ejercicio, desconectar del trabajo o simplemente cumplir con una de nuestras responsabilidades diarias. Pero para nuestros perros, el paseo representa mucho más.
Es uno de los momentos del día en los que pueden explorar el mundo que existe fuera de casa. Encontrarse con olores nuevos, reconocer los que ya conocen, observar otros animales, descubrir lugares y tomar pequeñas decisiones sobre lo que quieren investigar.
Olfatear, explorar y relacionarse con el entorno son comportamientos naturales que forman parte de sus necesidades. Por eso, cuando hablamos de paseos de calidad, no nos referimos necesariamente a recorrer grandes distancias ni a pasar horas caminando.
Un paseo relativamente corto, en un entorno adecuado y con oportunidades para explorar tranquilamente, puede resultar mucho más enriquecedor para un perro que una caminata larga en la que apenas puede detenerse.
Por otro lado, los paseos son una oportunidad estupenda para conocer mejor a nuestros perros. Puedes observar: ¿Cómo reacciona cuando se encuentra con otro perro? ¿Qué lugares le gusta investigar? ¿Hay situaciones que le generan inseguridad? ¿Prefiere caminar por zonas tranquilas o disfruta explorando entornos nuevos?
Muchas de estas cosas solo podemos descubrirlas si prestamos atención a su comportamiento. Por ello, no existe un único modelo de paseo perfecto para todos los perros. Lo que le gusta a uno puede ser demasiado intenso, aburrido o incluso incómodo para otro. Por eso es importante dedicar tiempo a observarlos, respetarlos y entenderlos para mejorar y disfrutar más los paseos.
5 errores habituales al pasear a tu perro
Seguro que reconoces alguna de estas situaciones. Puede que incluso te hayas visto reflejado en varias, ¡y no pasa nada! Lo interesante es entender cómo pueden influir en la experiencia de nuestros perros y qué podemos hacer para mejorarla.
1. Estar más pendiente del móvil que de tu perro
A todos nos ha pasado. Sales de casa, coges el móvil para contestar un mensaje y, cuando te das cuenta, llevas medio paseo mirando la pantalla. Mientras tanto, tu perro se ha detenido varias veces, ha intentado investigar algún olor o ha mostrado interés por algo que ni siquiera has llegado a ver.
El problema no es consultar el móvil puntualmente, sino pasar buena parte del paseo desconectados de lo que está haciendo nuestro perro. Cuando caminamos sin prestar atención, es más fácil que aparezcan tirones de correa involuntarios, que no respetemos sus paradas o que pasemos por alto señales de incomodidad ante determinadas situaciones.
Pero también nos estamos perdiendo algo mucho más bonito, como comentábamos antes, la oportunidad de conocerlo mejor. Porque nuestros perros nos cuentan muchísimas cosas a través de su comportamiento, aunque no siempre sepamos interpretarlas.
¿Significa esto que no puedes mirar el móvil mientras paseas? Por supuesto que no. A veces necesitamos atender una llamada o responder algo importante, pero puedes hacerlo un momento, os paráis y continuar después con el paseo.
No se trata de estar pendientes de nuestro perro cada segundo, sino de estar lo suficientemente presentes como para compartir la experiencia.
2. No dejar que tu perro se pare a olfatear
Imagina que sales a dar un paseo por un lugar que te encanta, pero cada vez que intentas detenerte a mirar algo, alguien te dice que sigas andando. Pues algo parecido puede suceder cuando no dejamos que nuestros perros olfateen.
El olfato es para tu perro como para nosotros la vista; es su forma de explorar el entorno y relacionarse con él. A través de los olores pueden investigar qué ha ocurrido en un lugar, detectar la presencia de otros animales y explorar aquello que les rodea.
Por eso, cuando tu perro se detiene durante un buen rato delante de un arbusto, no necesariamente está perdiendo el tiempo. Puede estar realizando una actividad que le resulta interesante y estimulante. Sin embargo, muchas veces nuestras prisas nos llevan a interrumpirlo constantemente.
Un pequeño tirón de correa, un «¡vamos!» repetido varias veces o la impaciencia porque llevamos demasiado tiempo parados. Si esto sucede de manera habitual, podemos terminar limitando sus oportunidades de exploración e incluso provocar que algunos perros dejen de intentar detenerse ante determinados olores.
Dejar olfatear a tu perro no significa permitirle acceder a cualquier sitio ni investigar cualquier cosa. Hay lugares peligrosos, situaciones en las que debemos continuar caminando y momentos en los que necesitamos poner límites. La diferencia está en no convertir esas interrupciones en la norma y encontrar un equilibrio entre sus necesidades y las nuestras.
La próxima vez que tu perro se detenga a investigar algo en un lugar seguro, piensa, observalo y prueba a darle un poco más de tiempo. Quizá descubras que disfrutar del paseo también consiste en aprender a caminar más despacio y te beneficie a ti también.
3. Confundir el paseo de tu perro con tu sesión de ejercicio
Si eres de los que te gusta caminar a buen ritmo, salir a correr o aprovechar los paseos para cumplir con tus objetivos diarios de actividad física. ¡Estupendo! Compartir ejercicio con nuestros perros puede ser una experiencia fantástica cuando la actividad se adapta a sus características y necesidades.
El problema aparece cuando esperamos que todos sus paseos respondan exclusivamente a nuestro ritmo. Si queremos caminar durante cuarenta minutos sin detenernos, pero nuestro perro necesita investigar olores, explorar o hacer pequeñas pausas, es posible que nuestros objetivos no coincidan.
Y si cada vez que intenta detenerse lo obligamos a continuar, estaremos priorizando nuestra actividad física sobre sus necesidades durante ese paseo. Esto no significa que tengas que renunciar a hacer deporte con tu perro. Significa que debemos diferenciar entre salir a hacer ejercicio juntos y ofrecerle un paseo en el que pueda explorar con mayor libertad.
Puedes disfrutar de ambas actividades, siempre que sean adecuadas para él. Quizá algunos días salgáis a caminar a buen ritmo y otros dediquéis más tiempo a recorrer tranquilamente el barrio, investigar nuevos lugares o simplemente dejar que sea tu perro quien marque parte del recorrido.
Recuerda que no todos los paseos tienen que cumplir exactamente la misma función.
4. Utilizar una correa inadecuada o mantenerla constantemente tensa
La correa es una herramienta de seguridad, pero también influye directamente en cómo se desarrolla el paseo ya que también es una herramienta de comunicación.
Cuando utilizamos una correa demasiado corta para el contexto o caminamos manteniéndola constantemente tensa, podemos limitar la capacidad de nuestro perro para moverse, detenerse y explorar con comodidad.
Por ejemplo, piensa en algo tan sencillo como agacharse para olfatear. Si apenas tiene margen para acercarse a lo que le interesa, es probable que aparezca tensión en la correa. Y si nosotros respondemos tirando para que continúe caminando, esa exploración se verá interrumpida.
Por eso, en Breocan damos mucha importancia tanto a la elección del material como al aprendizaje de un buen manejo de correa. Utilizar una correa que permita cierta libertad de movimiento, siempre que el entorno sea seguro, y aprender a manejarla correctamente puede facilitar paseos mucho más cómodos.
Eso sí, una correa más larga no garantiza por sí sola un paseo de calidad. También necesitamos aprender a manejar bien la correa, anticiparnos a determinadas situaciones y ajustar la distancia disponible según el lugar en el que nos encontremos.
No es lo mismo caminar por una calle estrecha y concurrida que explorar un sendero tranquilo. Y recuerda que no toda tensión de correa significa lo mismo. Una cosa es que tu perro llegue puntualmente al final de la correa porque quiere investigar algo y otra que nosotros mantengamos una presión constante o utilicemos tirones para corregirlo.
El objetivo no es conseguir que nunca exista tensión, sino favorecer una comunicación y un movimiento más cómodos y seguros para los dos.
5. Pensar que un perro agotado es un perro que ha disfrutado
«¡Hoy ha tenido un paseo buenísimo! Ha estado corriendo, jugando con otros perros y no ha parado ni un segundo». Pero llegáis a casa y, en lugar de descansar, empieza a correr de un lado a otro, coger objetos o mostrar dificultades para relajarse. ¿Te ha pasado?
A veces confundimos la cantidad de actividad con la calidad de la experiencia.
Que nuestro perro haya corrido mucho, jugado intensamente o recibido numerosos estímulos no significa necesariamente que ese paseo haya respondido a todas sus necesidades.
La actividad física y las interacciones sociales pueden ser muy positivas, pero también hay perros que necesitan ayuda para pasar de momentos de mucha excitación a situaciones más tranquilas.
Por ejemplo, después de jugar intensamente con otros perros, puede ser beneficioso dedicar los últimos minutos del paseo a caminar por una zona tranquila, permitiéndole olfatear y recuperar progresivamente la calma antes de volver a casa.
Eso no significa que todos los perros necesiten exactamente esa transición. Algunos son capaces de regularse sin dificultad y otros necesitan más tiempo o condiciones diferentes.
Lo importante es entender que cansar a nuestro perro no debería ser el objetivo principal de todos sus paseos. Y que llegar a casa agotado no es, por sí solo, un indicador de bienestar.
No todos los perros necesitan los mismos paseos
No hay un protocolo universal para pasear a un perro. Sus necesidades cambian según su edad, personalidad, estado físico, experiencias y circunstancias. Un cachorro que está descubriendo el mundo no necesita lo mismo que un perro adolescente lleno de energía o uno sénior que prefiere caminar más despacio y detenerse a olfatear tranquilamente. Por eso, aprender a observar a nuestro perro y adaptar los paseos a cada etapa de su vida es tan importante como evitar los errores que acabamos de comentar.
Por otro lado, si convives con varios perros, recuerda que tampoco tienen por qué necesitar lo mismo. Aunque disfrutéis de paseos juntos, dedicarles algunas salidas individuales puede ayudarte a conocer mejor sus preferencias y adaptar la experiencia a cada uno.
Y recuerda que mejorar los paseos tampoco significa hacerlo todo perfecto ni dejar que tu perro haga absolutamente lo que quiera. Poner límites, enseñarle a gestionar determinadas situaciones y garantizar su seguridad también forma parte de nuestra responsabilidad. Se trata de encontrar un equilibrio entre sus necesidades, las nuestras y las circunstancias de cada momento. Porque sí, a veces tenemos prisa, miramos el móvil o no podemos dedicarle todo el tiempo que nos gustaría. ¡Y no pasa nada!
Lo importante es tomar conciencia de cómo paseamos, intentar mejorar poco a poco y recordar que salir con nuestro perro debería ser mucho más que una obligación diaria. Es una oportunidad para conocerlo, conectar, descubrir el mundo a su lado y, sobre todo, ¡divertirnos juntos!
